Una lástima que la realidad nos embistió y tuvimos que separarnos otra vez. Pero al menos me queda el dulce recuerdo de tu abrazo.
lunes, 29 de marzo de 2010
EL ABRAZO
Caminamos larguísimas cuadras por la ciudad nocturna. Apuramos el paso a veces, y otras sólo nos detuvimos. ¡Cuántas calles dejábamos atrás, holladas por nuestras negras suelas! Permanecimos algún instante en alguna esquina anónima y nos reímos, mirándonos de manera cómplice. El paseo nocturno se detuvo cuando nos sentamos en un parque a conversar. La luna quedaba tan hermosa enredando sus rayos en tu pelo y resaltando la palidez de tu piel... Continuamos la travesía urbana por más de dos horas, dejando atrás los secretos de las calles vacías y el susurro del asfalto. Cuando llegamos al lugar en el cual nuestro paseo terminaba, creo que ninguno tenía ganas de despedirse, pero tampoco nos atrevimos a acercarnos demasiado. Mi impulsividad rompió tu barrera de hielo con la calidez de mi abrazo. Y allí me hubiera quedado por horas, soñando entre tus brazos que nada más existía, que el mundo se reducía a ese instante único y feliz.
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