miércoles, 7 de julio de 2010

El Ama (II)

-Guarda silencio.
-Sí.
...
El muchacho levanta la mirada e intenta articular unas palabras extrañas.
-My love...
-¡Te dije que guardaras silencio! -La bofetada le surcó la cara.- Pídeme disculpas por tu desobediencia.
-Discúlpeme.
-De rodillas.
El joven hincó en el suelo las rodillas y la mirada; abrazándole los tobillos enfundados en unas altas botas negras, susurró:
-Perdóneme, Señora.
Ella se libró de él con un puntapié. El tacón de su calzado descansó sobre la espalda descubierta de él.
-Silencio, tu voz me molesta. Tráeme mi libro preferido, trae mi té tal como a mí me gusta y vuelve a a tu rincón hasta que te llame. Ya mismo.
Él se arrastró hasta la biblioteca, tomó el volumen mencionado y lo acercó a la dama, que en ese momento reposaba en un hermoso sillón aterciopelado limándose las larguísimas uñas. Luego se dirigió a la cocina y preparó el té que a Ella le gustaba: frutos rojos, sin azúcar, con un poco de edulcorante y muy caliente. Se lo acercó en una bandeja especialmente destinada para tal fin. Con la mirada baja, dejó todo en la mesa ratona frente a la mujer, quien lo miró inexpresivamente.
-Bien hecho. Vuelve a tu rincón, hoy te has comportado de una manera bastante inadecuada. No mereces que te diga dirigiendo la palabra.
-Sí, Señora. Perdóneme, por favor. Yo no... no quise molestarla.
-Me molestas menos en silencio. Pero, ya que insistes en hablar, leerás para mí hasta que yo te lo diga.
Le entregó el volumen displicentemente y, mientras el joven leía, ella sorbía lentamente su té y jugueteaba con su fusta, dispuesta a utilizarla sobre aquella blanca carne si él se atrevía a levantar la mirada o a cometer algún error en la lectura. Tres veces el aire fue cortado con la agilidad del golpe de la dama. Cuando Ella lo dispuso, relevó de su puesto al joven.
-Listo. Has terminado tu tarea satisfactoriamente. Puedo perdonarte y para que veas que tus buenas acciones tienen recompensa, ahora te permitiré acercarte.
Le tendió la mano y, en efecto, la obtuvo: pudo al fin besar la mano de su Ama.

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