y no te acercas.
No te lastimaré si hasta ahora no lo he hecho
y no veo por qué temes.
Dulce te tiendo la mano y espero
que llegues.
Y ahora afilo la espada
lista para defenderme si me atacas:
reclamaré lo que es mío, lo que me pertenece,
lo que me quitaste.
Entrégamelo.
O sufrirás las consecuencias.
Con ojos dulces y el filo expectante en las manos
espero que llegues.
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