Cuanto más pequeñito, suave y abrazable es un ser, más arisco y escurridizo resulta. Ésta es una regla fundamental de la naturaleza, fácilmente comprobable. No es difícil acercarse a un rinoceronte y palmotearle el lomo, porque se siente fuerte y se sabe horrendo. Ahora, repetí el experimento con una chinchilla.
Cuanto más pequeñito, suave y abrazable es un ser, más arisco y escurridizo resulta. Ésta es una regla fundamental de la naturaleza, fácilmente comprobable. No es difícil acercarse a un rinoceronte y palmotearle el lomo, porque se siente fuerte y se sabe horrendo. Ahora, repetí el experimento con una chinchilla.
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