Me pregunto si mis elecciones me definen.
Si vale la pena cambiar las palabras por números y fingir que el papel y la tinta no me llevan a un mundo en el que soy feliz sin que nada más importe.
Y pienso que los números y las fórmulas me están dando herramientas para solventar mi existencia en este mundo material aunque en el espiritual me causen insatisfacción y sufrimiento.
Otra vez soy dos: la que se debe y la que quiero ser.
La que se debe, calcula y reclama con la parte izquierda del cerebro.
La que deseo, escribe en secreto líneas que no verá el mundo.
Me respondo que mis elecciones me definen dual, y así me acepto.
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