Pasé un largo tiempo de oscuro silencio, aislada dentro del aislamiento obligatorio. Más aislada de mí y del resto, con el amargo sabor de lo perdido.
Un día cualquiera, sus palabras aparecieron como un chispazo imposible de negar: visibles, tangibles, sencillas pero estaban ahí obligándome a atenderlas.
Me hizo despertar y sacudirme las telarañas del letargo, moverme, avanzar.
Abandoné mi comodidad para acercarme aunque doliera, porque su ausencia había causado una herida aún peor. Y estoy ahí, cerca, a la espera. Está al alcance de mi mano, a un sueño de distancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario