domingo, 27 de diciembre de 2009

Un domingo singular

Qué bello domingo.
Temprano mis ojos se abrieron para contemplar lo que estaba esperando. Y sigue adelante la intriga con su fuego avivado; y crece. No es sólo una: ya son dos. Dos intrigados, uno de cada lado del espejo.
El sueño otra vez me pesó en los párpados y las dulces palabras de ella me despertaron esta vez. El mundo de los vivos me contó una vez más entre sus huestes bajo el horrible sol de diciembte, que emana ese calor que te calcina la piel y los huesos. Pero todo sea por verla. Compartimos el almuerzo y nos resguardamos lo más posible del calor de la tarde, hasta que se nos hizo inevitable la partida. La acompañé hasta su destino y me aventuré a regresar a mi morada, no sin sufrir las consecuencias de las tardes de diciembre.
Y bien, acá estoy, a resguardo. Repasando mentalmente sucesos y palabras de hoy.
Qué bello domingo.
Un domingo singular

2 comentarios:

  1. me gusto mucho lo que escribiste :D... y mas que nada como lo escribiste :D ^^

    un besote enorme marita :D

    se te quiere montones y lo sabes ^^

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