lunes, 28 de junio de 2010

Nunca


Nunca fui buena resucitando muertos
creo que sobreestimé mis dotes taumatúrgicas.
Por más que quiera las manos yacen yertas
y el corazón late en una rara frecuencia.
Nunca fui buena curando heridas propias
mas siempre curé las ajenas:
aquéllos se fueron contentos, sanos, hermosos
y yo permanecía quieta.
Curé sus heridas pero no vive:
respira la vida de ultratumba
en la mano izquierda lleva la alianza que lo unía a la mujer,
en la derecha un pedazo de juguete que lo une a un niño pequeño,
en la garganta el sabor de la venganza,
pero a mí no me recuerda.
¡Qué ilusa fui jugando a resucitar muertos
que no son míos
ni quieren levantarse de la tumba!

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