miércoles, 6 de febrero de 2013

Verdades absolutas


La gente camina por la calle como si no le importara nada. Y a veces logran que les crea. Otras veces me venden la verdad con un packaging tan atractivo que la compro sin pensar ¡y por docena! Supongo que alguien, algún día, se habrá llevado o se llevará alguna de mis verdades irrefutables, grabadas en el mejor de los bronces, para repetirla como propia encaramados a un alambrado de gallinero, cacareándola a viva voz con el primer rayo de sol.
La gente está llena de verdades absolutas y algunos, como Schultz, hasta se dan el lujo de publicarlas en un libro para que el mundo se entere y comprenda de qué se trata: a cambio de unos pocos pesos disponen no de una sino de cientos de verdades absolutas e incuestionables (Quién no habrá pensado algo de un señor que usa barba candado o que usa los anteojos de sol como si fueran una vincha).
Porque –seamos sinceros– ¿quién estaría tan demente como para cuestionar una verdad incuestionable?
A veces –algunas veces, nada más– miro el reflejo en el fondo de mi taza de té y comienzan las contracciones para que nazcan una a una todas las preguntas.

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