lunes, 8 de junio de 2015

Te escucho respirar hasta en mis sueños.
¿No es suficiente la tortura de no poder tocarte cuando te veo?
Y si tapo mis oídos con otra música
al cerrar mis ojos están los tuyos apuñalándome de frente
imposibles de evitar.
La amargura endulza el clima de ensueño
hasta que las saetas del alba me traigan nuevamente al desconsuelo.

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