A finales del 2008, por consejo de una amiga, abrí una cuenta en facebook, sin saber muy bien de qué se trataba. Como todos los jóvenes, compartí fotos de todo tipo de salida, excursión, evento importante o merienda desde entonces hasta hace poco más de dos semanas. Qué fue lo que me decidió a dejar la cuenta "viva" pero inactiva fue, sinceramente, hartazgo. Cansada de ver cómo todos presumen de su vanidad, cómo todos atacan a otros solo por pensar de otra manera y, por si esto fuera poco, prestarme a ese juego atendiendo al chismorreo de la red social en vez de ocupar mi tiempo en chismorreo en vivo, al menos.
No la di de baja porque me daba fiaca tener que dar de alta un nuevo usuario de Spotify y perder las playlists y demás. Pero la cuenta ahora está pelada. Apenas un puñado de "amigos" (prefiero llamarlos "contactos") conformado por familiares, amigos y compañeros laborales; una sola foto de perfil, un par de imágenes al azar y ningún álbum público. Dejé dos que había de la familia compartidos solo con contactos familiares.
Ahora tengo un poco más de tiempo para leer, jugar y chismorrear con un rico mate en vez de con una pantalla HD 5' y el "Face" de por medio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario