Te llevaron a un
salón lujoso para convencerte de que vos sos tu propio dios
No te dijeron que
en ese recinto solo se cree en el dios del dinero
Y que vos eras el
cordero para el altar.
Te vendaron los
ojos después de que brindases con ellos
Y les brindaras
tu juventud y tus ganas mal enfocadas.
Les firmaste como
firmó Fausto
Y empezaste a
despedirte del mundo de los vivos.
Ahora sos uin
autómata
Vivís para ellos,
con ellos, soñás sus sueños,
Te creés que te
ayudan cuando te explotan,
No escuchás a
nadie que sea un perdedor, que esté
afuera,
Que no porte la
antorcha de la revelación como vos y los demás.
No ves –y me
apena–
Que estás más
cautiva que hace un tiempo.
Te perdimos, te
ganaron.
Y te restaste del
equipo de los ganadores.
Hay personas cuyas armas mentales y emocionales -la misma cosa- son asombrosamente débiles. Otras, en cambio tienen un bonito arsenal a su disposición. Probablemente, condiciones naturales.
ResponderEliminarEl alucinado es peligroso e indeseable como el enfermo, porque intenta propagar sus delirio, especialmente si es la marioneta d e voluntades arteras.
Salud.