jueves, 3 de septiembre de 2020

III

 La partida, como todo final, fue difícil. No quería apartarme de tu lado y vos, aunque sin decirlo, no me dejabas ir. No es que lo quisiera, por supuesto, pero debía ocuparme de las obligaciones que el amanecer me traía. 
Qué difícil fue dejar de besarte, de tocar tu piel, pedirte que me acompañaras hasta la puerta.

El sabor de ese último beso lo guardo aún como un tesoro muy preciado hasta que pueda abrazarte de nuevo.

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