Y así las cosas se ponen cada vez más complejas, porque las trabas surgen de todos lados. Como dice mi amiga, la que está llena de fe en su alma, cuando las cosas son de Dios y son para nuestro beneficio, el otro mete la cola, pone tentaciones y nos intenta hacer flaquear con todo.
Es así.
El otro, ese tremendo, se muestra con las caras más seductoras, más tranquilizadoras, más familiares. Intenta hacerte ver la primacía de lo negro por sobre lo claro, intenta convencerte de las más viles mentiras -que, por supuesto, tienen sustento en una verdad parcial- para que dudes de ti mismo. Siempre ocurre.
Y del lado de la luz están los aliados, los que te abren los ojos para que separes la mala hierba de la buena cosecha. Esos te tienden la hoz que te sirve para cortar lo malo de raíz. Recién ahora aprendí que esa es la única manera de cortar con lo malo. No se tolera, se elimina antes de que contamine todo.
Y así es como voy seleccionando, no sin temor a equivocarme, cuál es la buena y cuál la mala hierba que me rodea.
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