Los recuerdos de tardes hermosas se multiplicaron y, aunque también los hubo amargos, prevalecieron los buenos.
A través del tiempo y su azaroso devenir, el hermoso lago de tus ojos fue siempre un remanso, un lugar feliz adónde ir.
Y aquí estoy, bañándome en tu orilla, saciando mí sed y soñándome libre, plena y alejada de toda anterior oscuridad.
Doradas costas me reciben para reposar allí mi viejo cansancio, dejarlo olvidado y avanzar.
Seguramente, al salir, puedas tenderme tu mano.
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