jueves, 26 de agosto de 2010

Hastiada

Tus palabras solían alegrarme las tardes, pero a veces se vuelven tan terriblemente molestas... Durante la última charla sentí ganas de pedirte que me dejaras en paz, pero no tuvimos tiempo de seguir dialogando. Tengo cosas dolorosas que decir, pero las callé para no lastimarte. Ahora no sé si pueda seguir callándome. 
Me cansan tus celos injustificados, me cansan tus palabras reiterativas, me cansan tus juicios ligeros y severos, me cansa tu deseo, me cansa tu consejo inexperto, me hastía hablar siempre de la misma cosa.
¿Te cuesta tanto respetar mis decisiones y luego afirmas que me quieres?
Duele ser tan ruda con una persona querida, pero si esa persona no conoce el límite, es difícil seguir dialogando.

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