Tu proximidad me fascina
con la voz del deso postergado.
Extraño tu cuerpo y tu voz
como si te hubieras ido de mi lado hace un siglo
y fuera incapaz de esperar para verte de nuevo.
El remedio de tus labios va a acercarse a los amios esta noche
traspasando el laberinto de la urbe silenciosa.
Me visitas hasta en sueños, como siempre has hehco,
con tus ojos magneticos atrayendome inevitablemente,
espantandome con una partida apresurada,
incitandome con la mirada.
Pero me calmas cuando el hormiguero diurno se duerme
y la ciudad vuelve a ser solamente nuestra.
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