martes, 2 de agosto de 2011

Se terminó

Estoy cansada de esperar que ocurra el milagro. No puedo seguir esperándote por un año más: mis plazos ya se acortaron a causa del desgaste. No tengo más paciencia, porque el remanente te lo estuviste gastando casi tan rápidamente como te gusta gastarte el dinero que te llega a las manos.
¿Qué no digo la verdad? No me parece.
Contame hace cuánto tiempo no tenés un peso propio o un trabajo estable. Contame hace cuánto tiempo no ganás un sueldo fijo y constante con el cual hacerte cargo de tus gastos (comida, viaje, cigarrillos). ¿Te pensás que no me entero de las veces que pedís prestado dando lástima? Pues enterate. Lo sé todo.
No te olvides de que solíamos tener un trato: gastos compartidos. La mitad de lo que se gasta, debe aportarla cada uno de nosotros. Un poco vos, un poco yo. Será por este tipo de irresponsabilidades que mi inconsciente asumió que no debía declararte como persona a mi cargo en mi nuevo empleo.
¿Y ahora?
¿Qué vas a hacer después de tantas amenazas, pedidos, súplicas, retos y oportunidades?
Creo que te di algo que sos incapaz de manejar: las responsabilidades. Aunque ya es hora de que te vayas haciendo cargo de ellas de una vez por todas, que bastante grandecito estás. ¿Quién más tiene que venir a decírtelo para que comprendas? No te bastó con que mi familia y la tuya te llamaran "mantenido", no te bastaron mis retos, amenazas y malos tratos, no te bastó que supiera que mentías siempre, no te basta que tus amigos se hagan amigos míos y me digan que tenga cuidado con tal o cual cosa que decís o que hacés. Nada te basta.
"Yo no pido nada para mí". "No es justo". "Vamos a ver qué se puede hacer". Algunas de tus frases favoritas, esas que junto con la actitud de dar lástima te encanta exhibir frente a la gente. Se ven desagradables, ¿Verdad? Pues sí, a ver si aprendés a no hacerlo más. Vos pedís y exigís mucho más de lo que sos capaz de dar. La vida no es justa con las personas que no son justas o, mejor dicho, las consecuencias ocurren porque se activó una causa. Y ver qué se puede hacer no es lo mismo que hacer: esto es lo que te pido: no te vayas en palabras, demostrá con acciones.
Buscá, luchá, esforzate. No esperes que las soluciones te caigan del cielo. No te la pases jugando o leyendo historietas: invertí tu tiempo en buscar un trabajo con el que sostener el nivel de vida que querés tener. Las cosas no se compran ni regeneran mágicamente, ¿sabés? Confío en que lo sepas y logres comprenderlo finalmente aunque a veces se te olvide.

Te cuento un poco de mí. Estoy cansada, estoy harta, no doy más, ya no quiero seguir siendo el sostén de una casa y de una familia que no es tal. Éste es mi tercer trabajo en lo que va de esta relación. ¿Sabés por qué? Porque busco. Vos sólo trabajaste tres meses y hace un año que no lo hacés. ¿Tus proyectos? Sí, es tu sueño y te dije que lucharas por él, pero no nos está dando de comer y pagando cuentas todos los meses, así que tu sueño no te exime de tus obligaciones. Lo sabés y no tengo que recordártelo, espero.
El otro día me preguntaste si las cosas que te planteé son lo que quiero o lo que necesito. Hoy te respondo: ambas. Quiero y necesito un hombre que, como tal, se haga cargo de la familia que dice querer formar conmigo. Un hombre que cumpla con su palabra y sus compromisos. Que no viva sólo de sueños, sino que sepa lo valioso que es contar con medio materiales para llevarlos a cabo. Básicamente, un hombre que labure, que se ponga la casa a cargo y que no pretenda vivir de lo que yo gano.

Ayer me ignoraste. No pretendo que me prestes atención todo el tiempo: yo también necesito un poco de espacio, de aire, de libertad y de tiempo para mí. Pero si decís que tanto me extrañaste, por lo menos podrías recibirme bien cuando llego y no ponerte a leer manga o a jugar a esos jueguitos que quiero que desinstales de mi computadora… No sé cómo hacértelo entender. Las cosas no se demuestran con palabras sino con hechos. HECHOS. Si decís que extrañás a alguien, hacéselo saber con hechos. Prestale atención cuando llega, compartí una charla, unos mates, algo. No te quedes solo en lo dicho, que no sirve para nada. Las sonrisas forzadas, las muestras de afecto por compromiso no me sirven. Me sirve la sinceridad, que es algo que a vos te falta. Estás demasiado acostumbrado a mentir y a tratar a la gente como si fueras superior a ella, y las cosas no son así.
Necesitás espacio para pensar. Perfecto. Me voy a tomar franco de vos en los próximos días, comenzando hoy. Me voy a dedicar tiempo a mí, a disfrutar de las cosas que me gusta hacer y en eso te voy a hacer caso. Me voy a tomar mi tiempo de soledad para reflexionar, pero no te aseguro que a mi regreso te quiera más que antes de irme. Más bien empezá a temer todo lo contrario.

Espero que te sirva un poco ponerte a pensar en qué querés hacer de tu vida, ya que a los 29 años no lograste nada, como vos decís, pero tampoco te estás esforzando por hacerlo; estás cansado de perder, pero sólo vas camino a perder más aún.

Tomate vacaciones de mí si te hace falta, andate unos días a otro lado si lo necesitás. Pero que te sirva para pensar muy bien en lo que vas a hacer de ahora en más con tu vida y con la mía.

Si yo decidiera dejarte, ¿pelearías por mí?
No creo, me parece que te rendirías sin luchar como hacés con todo. Y te confieso algo: en el fondo me gustaría que esta vez me decepciones y no cumplas con mis expectativas, sino que me sorprendas luchando por lo que te importa.
Claro está, en caso de que yo todavía te importe.

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