Hay una sombra sobre la sombra de tu sombra
que acecha en cada rincón de la noche como un lobo hambriento
de sangre y de miedos,
palpando el aliento entrecortado de los casi muertos.
La sombra blanca persigue
mi sangre ya es hielo
si no corro, moriré
-si es que acaso no estoy muerto-.
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