A veces me pregunto por qué a la gente le encanta ponerse a opinar sobre las vidas ajenas, planeando y dando órdenes sobre lo que los demás deben hacer. Lo peor es la propia familia, que se cree con más derechos porque supuestamente tenemos la misma sangre que ellos. El tema es que a veces ni siquiera nos conocen demasiado; creen hacerlo pero es o bien una imagen perteneciente al pasado, a la niñez, o bien una imagen distorsionada en la que se proyectan sus miedos, fantasías y frustraciones.
Hoy me pasó justamente eso.
Alguien de mi familia cuestiona algunas de mis decisiones personales. Si están erradas o no, veremos. Solo el tiempo lo dirá. Pero por algo son elecciones que he hecho. Tienen fundamento y no se han tomado a la ligera. Se han sopesado delicadamente una y otra vez hasta que se decidió que era lo correcto.
Luego de haber yo argumentado educada y correctamente sobre mis motivos y de haber dado la discusión por finalizada, esta persona llamó a mi madre llorando para decirle lo ofendida que se sentía por la forma en que le contesté. Vale aclarar que, como mi respuesta fue por escrito, me limité a decirle que no me conocía lo suficiente como para (pre)juzgarme y que, como no tenía sentido seguir discutiendo, la conversación quedaba ahí.
Espero que sea claro el hecho de que con eso no buscaba más que terminar la conversación infructuosa y seguir adelante con la vida, como siempre se hace cuando dos personas que opinan diferente se cruzan en al camino. Pero no, en este caso la persona malinterpretó todo de la peor manera posible, victimizándose y haciéndole saber a mi madre -que nada tenía que ver con todo esto- que a raíz de las cosas que le dije (sic) yo no contaba más con ella. Como quien dice: "Estoy muerta para vos". Una de esas frases de telenovela mejicana que uno no espera oír en la vida real pero, a veces, oye y se queda estupefacto, como si a la persona se le transfigurara la cara en el rostro de un sapo y le salieran rayos láser de los ojos.
Increíble.
Sigo sorprendiéndome de la capacidad de las personas para inventarse hasta problemas, diálogos y vidas que no existen solo para justificar y distraerse de los fracasos de su propia vida. ¿Será que es tan difícil ocuparse de los problemas reales de uno que esta gente siente necesario crear alguno nuevo en la vida de alguien más para sentirse, aunque sea, un poco más aliviados?
Supongo que cada uno debería, en principio, ocuparse de su propia vida y no de arruinar (o intentar hacerlo) con la del prójimo.
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