jueves, 8 de enero de 2015

Malas decisiones

Es increíble la cantidad de errores que una sola persona puede cometer en un lapso de tiempo acotado. Yo misma he roto marcas personales a la hora de cometerlos.
En el momento, enceguecidos por la emoción del momento no nos damos cuenta de cuáles serán todas las consecuencias de una decisión apresurada. También nos equivocamos cuando, perdidos en una nebulosa que nos aturde y asfixia, buscamos refugio en gente en la que creemos confiar pero que, en vez de calmarnos, se ocupan de echarle no leña sino combustible al fuego. 
Agitados, confundidos, enceguecidos, nos arrojamos al abismo cuya profundidad aún hoy desconocemos con los ojos y los puños cerrados, cuando bien podríamos habernos mirado y habernos abrazado para no tener que seguir cayendo.
Duele mucho, pero espero que hayamos aprendido la lección. 
Con respeto, amor y comprensión llegaremos mucho más lejos de lo que parece a simple vista.

1 comentario:

  1. Permíteme penar esto contigo: yo sí que he tomasdo malas decisiones. Fue como... cuando un castillo de naipes tiembla, uno intenta sacar o mover una carta para equilibrarlo y de pronto... añicos.
    Pero, una cosa: hay algo en mí que, gracias a Dios, es autónomo y está a salvo de las torpezas que cometo. Mis sentimientos; uno de ellos, en especial. Ése no me dejó jamás, y es el lazo xceleste que me mantiene unido al barco, así sea arrastrándome entre las olas y las piedras.
    Nos arrojamos, cierto, pero nunca nos separamos. Juntos erramos; juntos repararemos.

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