Mi mano busca la tuya incesantemente.
Me acerco lentamente a vos, mientras estás en la cocina mirando por la ventana con un cigarrillo encendido y te abrazo por la espalda.
Tus ojos azules brillan con una chispa cálida y tu hermosa sonrisa lo ilumina todo.
Encontraste la horma de tu zapato, corazón...
Nunca antes me había sentido tan cómoda... ni tan tenida en cuenta... ni tan protegida... ni tan amada... ni tan mujer.
A veces me pregunto dónde estuviste toda mi vida. Y concluyo: estuviste esperando el momento propicio, porque uno, para poder apreciar la belleza, necesita haber caminado por los más horrendos fangos... Y luego de tantos dolores y fracasos -de ambos- hemos llegado al bello oasis en el cual podemos reposar tranquilamente.
Te amo.
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