Tengo terribles celos de ella, porque antes que tocarme a mí la tocas a ella durante toda la noche y la madrugada. Tengo celos de que parece que esperaras que me durmiera para irte con ella y acariciarla suavemente, aún pensando que no te oigo -pero es lo único que hago en toda la noche-. Me duelen los celos en las manos y en los ojos y en la piel cuando te descubro tocándola y con candidez me respondes que son las cinco menos diez y que aproveche mis últimos minutos de sueño antes de levantarme.
¡Quiero que estés conmigo y no con ella, entiendes! Conmigo. Sé que no me perteneces, pero al menos si compartimos la misma cama podríamos... ¿No ves que te deseo, y me dejas por su frialdad gris y negra? ¿Por qué en vez de un ratito con ella no puedes compartirlo conmigo?
No puedo soportar que una máquina me gane la batalla.
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