Las palabras que me dice no son las que le dice al mundo y me desconcierta.
Me gustaría que no me importara, para que nada me doliera y para que todo fuera más fácil, como cuando uno era más joven y el compromiso más laxo y era más simple decir se terminó.
Ahora todo cuesta el doble: enamorarse, entenderse, soportarse.
Me duele que de algo personal se haga una puesta en escena pública. Y me duele que no entienda que me duele lo que hace. Ante sus ojos soy el verdugo, aunque haya elegido quedarme callada, aunque haya maniatado y amordazado al dragón que vive en mis entrañas para que no hable por mí. Para él ahora soy un monstruo, solamente porque no soy una mujer sin voz, sino una con la voz más fuerte y filosa. Sé que puedo ser violenta con las palabras, pero las relaciones se arruinan de a dos, se construyen de a dos, se deciden de a dos. Espero que esa lección puedas entenderla como yo trato de entender que no siempre puedo reparar lo que rompí tras lastimar a alguien. Las lecciones son duras, pero quizá sean más livianas si las compartimos.
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