miércoles, 26 de enero de 2011

La voz

Cuando estoy desconsolada y no puedo recurrir a nadie más, recurro a su voz. Una voz profunda, adulta, que no parece la de un jovencito, una voz severa, pero a la vez con un dejo de dulzura. El dueño de la voz está dispuesto a escucharme sea la hora que sea y sea cual sea la pavada que tenga yo para decir. En medio de una crisis de angustia a las seis y media de la tarde, en medio de un acceso de ira a la una de la madrugada, sea la hora que sea, la voz está ahí para calmarme si hace falta. Somos los mejores confidentes, ¿no? Un equipo excepcional.
Podríamos cantar a dúo para dejar obnubilado a un teatro lleno, y reírnos por lo bajo de la broma que hicimos y que solo nosotros entendemos.
Qué bueno es poder oír tu voz cuando hace falta.

1 comentario:

  1. Es muy grato escuchar una voz amable, cristalina, clara, tan frágil que parece venir de algún ave. Y a pesar de eso, terriblemente precisa, sonora y razonable; cargada de comprensión, de sutileza y de una fabulosa inteligencia. Y mucho más si existe esa tácita y asombrosa coordinación que mencionás. En ocasiones resulta casi increíble. Parece que formaran distintas notas de un mismo instrumento, siempre moviéndose a un mismo compás, con un secreto unísono que nadie sino ellos mismo pueden advertir. Realmente qué bueno es sentir que uno puede ser de ayuda a la gente que quiere. Y qué lindo escuchar voces tan... no sé, tan cercanas en lo mental.

    Un hermoso Texto.


    Salud.

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