lunes, 20 de diciembre de 2010

El balance

La mano tostada y curtida tomó la bic azul, común y corriente, a medio usar, que tenía en la mesa de la cocina. Tomó el raído cuadernito y empezó a escribir.

La gente hace balances cuando llega esta época del año. Tiramos el calendario viejo y asoma uno nuevo. Una cifra más y hacemos un balance.
Yo no puedo hacerlo, porque si bien este año me pasaron cosas maravillosas, también me pasaron cosas tan tremendas que me oprimen el pecho como una carga de varias toneladas. No sé muchas veces cómo sacármela de encima, porque hago todo y no me alcanza. Siempre falta, nunca es suficiente, nunca llego, todo está lejos y mis manos solas no encuentran la manera de que los esfuerzos se vuelvan logros. La angustia me está comiendo viva y ya no sé qué hacer para que a esta familia no le falte nada. Siempre falta. O dinero o comida o atención o amor o comprensión.
Nunca hay todo.
A veces quiero dormirme y no despertarme nunca más, pero ¿quién va a ocuparse de ellos?

Cerró la tapa y guardó el cuaderno debajo de los cucharones, en el cajón menos visitado de la cocina, casi su único territorio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario