-Hola.
-¿Cintia?
-Si, ¿quién habla?
-¿No te acordás de mí? ¡Pablo!
-¿Pablo? Qué sorpresa, ¿qué es de tu vida?
-En dos semanas me voy a Italia. Quiero verte.
-Dejame ver...
-No. Te quiero ver así nos despedimos como corresponde... Conozco un telo...
-No, pará. Sos un desubicado.
-Pero, Cintia, somos grandes.
-Por eso. No me llames nunca más, infeliz.
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