jueves, 16 de diciembre de 2010

Leía

Leía una carta vieja de alguien que -supongo- una vez me amó o al menos me quiso de manera especial. Es increíble la cantidad de cosas que me juraba, prometía e incluso se callaba. A veces llegué a pensar que sentía por mí más incluso de lo que demostraba. Y en su silencio demostraba mucho.
Me admiraba, me idolatraba y se preocupaba por mí. Pero no supe soportarlo. Tenía un temperamento especial que no supe manejar correctamente. Nos peleamos una sola vez, en la que sentí que tanto amor me asfixiaba. Nos dijimos las cosas más horribles y creo que años después nos arrepentiríamos de las acérrimas palabras que nos regalamos esa última noche.
No puedo creer que alguien me haya amado tanto cuando soy tan imperfecta. Él dejaba de hacer mil cosas con tal de estar diez minutos o una hora conmigo. Hasta me acompañaba en el insomnio.
Pero, como él me dijo esa noche en que nos separamos, yo no era para él: no sabía corresponderle ni comprender su situación. Eso es verdad. Él me irritaba no sé por qué, pero era inevitable el rechazo que me causaba.
Doblé la carta vieja y me pregunté qué sería de él. Quizá aún me recuerde con odio, pero no tengo idea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario