viernes, 24 de diciembre de 2010

Partida

La habitación está a oscuras y él susurra un nombre que no es el de la mujer que duerme a su lado. Se despierta sobresaltado para verificar que ella no lo haya oído. Como ella sigue durmiendo, él se sienta en la cama y, tratando de ser silencioso apoya los codos en las rodillas y la cabeza en las manos. Piensa en la dueña de ese nombre, la mujer que más lo ha hecho sufrir en su vida, el amor al que nunca podrá olvidar aunque intente recomenzar mil veces la historia. La marca es profunda, es una marca a fuego en el alma que dice Laura en cada rincón, en cada recuerdo, que duele en cada herida como si estuviera fresca y en carne viva aunque hayan pasado cuatro años.
La mujer que duerme a su lado no es nada parecida a Laura, por suerte y por desgracia. A él le hubiera gustado vivir toda su vida con ella. Con Laura. Pero duerme, vive y se acuesta con Mariela. Mariela es apenas una vendita para cubrir una amputación. La quiere, pero no es Laura ni podrá jamás cubrir ese vacío.
Gira la cabeza, posándola sobre su hombro para verla dormir, pero se encuentra con dos luciérnagas verdes y encendidas furiosamente que lo observan en medio de la oscuridad.
La voz profunda de Mariela enojada -que no grita porque es una dama y no necesita hacerlo para demostrar enfado- lo saca del trance, como si le leyera la mente y le pregunta si necesita irse a atender algún asunto pendiente. Él no sabe qué responder cada vez que ella le hace eso (escudriñar sus pensamientos más profundos) y se queda helado ante el pedido de Mariela: que se vista y que se vaya a buscar la quimera que lo tiene desvelado, que le deje las llaves sobre la mesa y que de una vez la respete y deje de hacerla sufrir creándole falsas expectativas e ilusionándola con un sentimiento que nunca puede crecer donde el anterior no ha muerto.
Helado.
Estupefacto.
La voz hechicera lo obliga a obedecer, casi como un zombie, y se viste, sin saber qué hacer. No se atreve a usar los trillados argumentos masculinos como No es verdad, ella no me importa, ya la olvidé, mi mujer sos vos y no hay otra en mi vida.... Él sabe que ella es sabia, imposible engañarla. Es la mejor hechicera del mundo. Sólo le resta obedecerla y preparar la partida.

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