Cecilia recibió el enésimo correo con saludos navideños y se sintió un poco hastiada.
Eran todos de la misma persona. Breves, extensos, reiterativos, con pretensión de innovadores... Un antiguo amor que se niega a comprender que su tiempo es el pasado. Cecilia no está en condiciones de soportar el acoso velado del muchacho al que alguna vez quiso más que a sus ojos, pero que eligió el camino peor. Se hartó, pero de manera contradictoria no se animó a decirle lo denso que se ponía porque le tenía mucho cariño y se sentía en la obligación de protegerlo.
Pero, como te imaginarás, es un problema que tu esposo pase frente a la pantalla del ordenador y descubra un hilo de veinte correos con un nombre al que detesta porque sabe que ama al amor de su vida.
Cecilia estaba incómoda frente a la pantalla, debatiéndose entre escribir o no escribir.
Finalmente marcó el teléfono para agradecer el saludo y hacer el pedido de su regalo de navidad: silencio.
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